La obra (casi perfecta) de Miguel Ángel Russo.

Escribe: Jose Alonso Cuba @chapa_nomas / Periodista DMediaPunta

La obra (casi perfecta) de Miguel Ángel Russo.

A sus 62 años, Miguel Ángel Russo es un especialista en Copa Libertadores. “Hay que acomodarse al ritmo internacional” declaró previo al debut contra River Plate. En base a su exitosa experiencia en este torneo, el técnico argentino planteó un partido propio de ser replicado por cualquiera que desee complicarle la vida al actual Campeón de América.  Partiendo de saberse inferior, con solamente un par de meses al mando de Alianza Lima contra las varias temporadas consecutivas de Marcelo Gallardo; diseño una estrategia donde le cortó todos los posibles caminos al gol a su rival. Leyó al equipo millonario y preparó cada situación del encuentro. Los volantes argentinos de las bandas se iban a cerrar y jugar mucho por dentro para darle amplitud a los laterales. Los José, Manzaneda y Guidino, se dieron la mano para controlar las proyecciones de Montiel y al ‘Gato’ Cuba le encargó el mano a mano con Angileri. El goleador Pratto iba tener que ser controlado alternadamente ya que constantemente flotaba por todo el frente de ataque para evitar ser referenciado. Entre Riojas cuando pisaba el área y Cartagena cuando salía de ella se encargaron de reducirlo al punto de ser cambiado. Defensivamente los blanquiazules hicieron un partido siete puntos que los dejó a segundos de conseguir un triunfo histórico. La claridad en ataque, la principal virtud del mejor equipo del continente, fue maniatada. Juan Fernando Quintero, el crack de la final en el Bernabeú, brilló por su ausencia. Nunca pudieron los talentosos del rival fisurar la retaguardia íntima.  Solo una ejecución magistral escapa a un partido preparado de manera casi perfecta.  La autocrítica en el entrenador íntimo no fue ajena una vez terminado el encuentro. Su equipo compite el primer tiempo. Dejó la sensación que tenía como discutirle el trámite a su antagonista. El rigor físico en la segunda parte lo termina reduciendo a solamente resistir. Un equipo comprometido con la idea, que se aprendió el plan que elaboró una cabeza con muchas canas gracias a partidos de este nivel. Lucidez e hidalguía en un momento caliente tras el empate agónico: “nos faltó no perder tanto el balón”. Profesionales como él y Ricardo Gareca dejan la sensación que con la gente idónea como guía, que trabaja en base a la planificación y la experiencia, la fe en que el futbol peruano tiene con qué competir aumenta.  

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